Una carta de desamor a Australia

¿Por qué me está costando tanto quererte Australia? Estoy sentada frente al mar, con una cerveza helada escondida en mi mochila y el sol poniéndose mientras un vientito frío me purifica las ideas. Pero nada, nada logra llevarme a esa sensación de éxtasis que me regalaba Barcelona cada una de sus noches, durante seis meses.

¿Por qué sos el paraíso para tantas personas y hacés que yo me sienta incómoda en cada uno de tus rincones? Quizás realmente no seamos el uno para el otro. Quizás no seas, en absoluto, mi “lugar en el mundo” o simplemente nos conocimos en un mal momento.

A mi me enganchaste enamoradísima de otro… Perdón Australia, pero Barcelona no dejó lugar en mi corazón para vos. Ni para tus playas, ni para tu gente, ni para tu estilo de vida, ¡y menos todavía para lo aburrido que es Manly! Hace un mes que estoy acá y cada día me agobia más la idea de que no seamos compatibles.

¿Yo vine mal predispuesta? Un poco. Pero cuando un lugar es “tu lugar” se siente, te impacta en algún momento y ese flechazo no deja dudas. Vos, con tus infinitas reglas, tu horario inhumano, tu agobiante perfección, tu gente tan “excesivamente feliz”. No te creo Australia. Dejame decirte que no confío en vos, que este mundo “idílico” me parece una gran mentira, llana y superficial.

¿Dónde está tu chispa? ¿Dónde está tu pasión, tus ganas de vivir, tu personalidad, tu diversión, tu costado rebelde?

Me agarraste en un mal momento, Australia. Hace unos años creo que me hubieras conquistado al instante. Tu perfección engranaba perfecto con las exigencias que manejaba. Pero hoy cambié. Me relajé, me liberé y también pasó algo que jamás creía posible: me transformé en una chica de ciudad.

Hoy disfruto de disfrutar la vida. De tomarme más de una cerveza (y no tener que pagar 12 dólares por una pinta), de caminar por calles pintorescas, de romperme la cabeza en un boliche hasta las 6 de la mañana, de tomar en una plaza rodeada de otros grupos de personas en la misma sintonía. Disfruto de salir de mi casa y tener incontables opciones de programas para hacer y de los kioscos abiertos 24/7 para el momento del bajón. Disfruto de conocer gente inteligente, interesante y apasionada. De tener libertades y no sentirme constantemente observada por el “ojo de las leyes”.

Australia, hoy vos no me podés dar eso. Te pido perdón por la energía pero no estoy para caretajes. Voy corto y al pie: lo nuestro no está funcionando.

Te voy a dar otra oportunidad. Porque no me rindo fácil y porque estoy viviendo una experiencia increíble que elegí con total libertad, con una persona que adoro. Nos vamos a mudar a una ciudad que aparenta ser mucho más enérgica y entretenida. Pero prometeme que le vas a poner un poco más de onda… porque si no, evidentemente, lo nuestro no tenía que ser.

 

 

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