La noche que acampamos en la terraza de un couchsurfer

– “¿Y si compramos una carpa ahí y algunas noches ahorramos plata haciendo camping? Yo la tiro, sé que ninguno de los dos es de ese palo, pero puede servirnos, ¿no?”

En la ansiedad previa al viaje, donde las ideas parecen intangibles y emocionantes, todo es un absoluto. “Obvio, ya fue, ¡hagámoslo! Puede hasta ser divertido”. Mi respuesta saltó sumamente relajada, sin dudas, pero por una simple razón: nunca creí que eso fuera a pasar. Jamás.

No soy una persona de camping. No tengo los mejores recuerdos de los campamentos del colegio, me molesta dormir incómoda – sabiendo que existe la posibilidad de descansar en una cama -, y el frío mezclado con el concepto entero de “acampar” tienen poco que ver con mi idea de disfrute.

Sin embargo, y para la sorpresa de todos los que nos conocen, ¡lo hicimos! En Barcelona nos metimos en una mega-tienda de Decathlón (a la que solo fui una vez en mi vida para rescatar a mi papá de su trance de shopaholic) y apenas entramos, ahí estaban: las carpas. Como todo en este emporio del deporte, las había de todos los tamaños, colores, funciones y formas. Pero sin mucha ambición, y los dos con la idea tan temerosa de que nunca saldría de su funda, fuimos directo a la más barata. 20 euros, perfecto.

Decathlon tiene ese “no sé qué” que te empieza a absorber, inventándote necesidades irreales y conquistándote con su cantidad y variedad de productos y colores.

– ¿Compramos aislante? Mmm, no, por ahora no. Pero… creo que es imposible dormir sin aislante. Bueno, después vemos, por el momento vayamos con esto.

La compra la completamos con una manta individual de micropolar. Las dudas de cuándo y cómo usaríamos esa carpa nos limitaron el gasto: era una locura comprar el kit completo para no tocarlo ni una sola vez. ¡Estábamos más que satisfechos! Confiábamos que si tendríamos que enfrentar la situación de camping, ya estábamos lo suficientemente preparados.

Nada más lejano a la realidad.

La primera noche del viaje nos esperaba en Montpellier. El destino pensado para empezar el recorrido no era ahí, sino en Annecy, que también se encuentra en Francia pero bastante más lejos. Así que necesitábamos un lugar donde parar a mitad de camino. Casi a último momento encontramos a un argentino a través de Couchsurfing – Luqui – que no tenía lugar dentro de su casa pero nos ofreció la terraza para instalar la carpa. Listo… nuestra primera oportunidad para amortizar la compra, ¡hagámoslo!

Llegamos en auto a la dirección que nos pasó, sin saber que sería de las noches más inolvidables de nuestro viaje. Luqui resultó ser un personaje hippie de casi 30 que había llegado a Montpellier para ser guardavidas. Estaba alquilando un departamento del Estado que tenía casi pelado, bien amplio… pero el espacio del sillón estaba ya ocupado por un Alemán con quien no intercambiamos más de dos palabras en toda su estadía.

Nos encontramos con que eran las 10 de la noche, no había ni un supermercado abierto ni tampoco un lugar cercano para poder comer algo. Primer gran fail. Pero no hay nada que no se pueda lograr con una voz suplicante… y mandando al frente al otro: “Lucas, ¿te podré pedir algo para que coma Belu? Es que viene con mucho hambre y se nos complicó conseguir algo en el camino”. Es así como nos encontramos frente a una gran cacerola donde convivían fideos con un mar de salsa de tomate, algunas salchichas y un poco de brócoli. Una combinación que, para nuestra sorpresa (probablemente por el hambre que manejábamos) resultó increíble.

Pero el mejor momento de la noche todavía no había llegado. Cada minuto que pasaba se recargaba de gracia y aventura, bailando en un limbo entre lo trágico y lo cómico. Con la panza satisfecha y con los temas banales de conversación ya agotados, nos encontramos frente a la realidad que estábamos intentando evitar: se venía una noche en carpa.

Él llevaba una camperita bomber con un gran tigre bordado en la espalda. Yo, mi clásica campera de cuero combinando con unas botitas negras. Y frente a nosotros, ese paquete que ninguno sabía ni cómo encarar. “Bueno, ¿empezamos?” Gracias a Dios a enfrentamos esa situación embarazosa encerrados en la terraza, entre carcajadas e intentos fallidos, una y otra, y otra vez.

Con una carpa de 20 euros – 19,90 para ser más exactos – uno se imagina el siguiente panorama: armado muy fácil + calidad ultra pedorra. Bueno, déjenme aclararles que no es tan fácil de levantar cómo parece. O, al menos, no para un par de novatos y desinteresados en el mundo del camping. “Primero estirá todas las varas y después colocalas en los ganchitos. Ah, no, así no funciona. Desarmalo y andá armándolas de a poco. Y ahora esta sobre la otra. No, no, no, así no. La verdad, ni idea cómo hacerlo.”

Entre risas y frustraciones apareció Luqui en la ventana. “Es la salvación”, pensé, prejuzgándolo como un experto en el mundo de los campamentos. Pero su acercamiento no fue para ofrecer ayuda ni emitir comentarios; simplemente se paró ahí, observando en silencio (o quizás riéndose por dentro) una situación de película.

No sabemos cuánto tiempo después, ni qué tan exitoso era el resultado, pero la carpa en un momento se levantó. Y la satisfacción de ese pequeño-gran logro nos hizo considerarla la mejor carpa del mundo; la más grande y cómoda; nuestra “carpita”.

Entramos las pocas pertenencias que habíamos bajado del auto y las acomodamos de manera que cada una de ellas tuviera una utilidad en particular. Los abrigos nos hicieron de colchón y de frazada a la vez, mientras que el resto de la ropa se hizo un bollo para que sirviera de almohada. No era la gran cosa, pero para pasar una noche – y encima bajo la cobija del techo de una terraza – parecía un lujo.

Exacto, parecía.

Después de los últimos arreglos, un “buenas noches” y un “good night”, nos metimos en nuestra cuchita. Acomodamos, acomodamos y seguimos acomodando hasta que cada centímetro de nuestro cuerpo estuviera tapado con algo. “No está nada mal”, pensé, con un entusiasmo genuino que iba floreciendo al verme envuelta en una de esas aventuras con las que siempre soñe.

Lo que no sabíamos era que la temperatura cálida inicial no se iba a mantener toda la noche. No, cada minuto se llevaba con él un centígrado de nuestro alrededor, sumergiéndonos en un universo helado que ni un buzo ni un par de medias eran capaces de combatir.

– “¿No te podés dormir?” “No” “Yo tampoco”. “Tengo mucho frío, ¿cómo hacemos?” “Vení, acercate un poco más así generamos más calor”.

Tres de la mañana: teníamos mucho frío.

Cinco de la mañana: el ambiente se tornó en algo casi insoportable.

Mis dientes tiritaban, mi cuerpo estaba tenso como una roca, enganchado como una garrapatas al suyo, y mi mente repetía una y otra vez: tengo frío, tengo frío, tengo mucho, mucho frío. 

Abandonar era una alternativa cada vez más tentadora. Sí, iba en contra de mi orgullo, pero acá este iba perdiendo lugar frente a algo aun más esencial: nuestra supervivencia. El frío se coló de golpe por cada poro del cuerpo, traspasando las falsas mantas, la ropa e incluso la piel. Relajarse y dormir se tornó en un desafío cada vez más inalcanzable. La idea de cruzar el ventanal y dormir protegidos por el calor del interior me estaba volviendo loca.

No recuerdo cómo fue que pasó pero en un abrir y cerrar de ojos empezó a colarse una luz tenue por algún hueco de la carpa. Era de día. Nos dormimos, había amanecido y, ¡estábamos vivos! Poco importó que el reloj marcara las 7 a.m.; estaba empezando el día y le ganamos a nuestra primera noche del viaje. La sonrisa se acentuó cuando nos dimos cuenta que el mejor premio nos estaba esperando adentro: una duchita bien, bien caliente.

Así es como logramos sobrevivir a nuestra primera noche en carpa. Sí, exacto, porque ella sería nuestro hogar durante cinco noches más en esa travesía en auto por Europa.

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s