“Pies en la arena”

Esta es mi foto elegida del día de hoy, domingo 25 de marzo. No la saqué yo, esos no son mis pies ni la arena barcelonesa. ¡Pero la siento con tanta fuerza como si fuera propia! Esta mañana, en una de las agarradas de Wifi, me llegó una notificación al celular: Trini (una de mis amigas del alma) me había etiquetado en una historia de Instagram.

Cuando la abrí y vi que estaba mencionada en esta imagen con la inscripción “Pies en la arena” se me cayó la baba. Desde Australia, viviendo una aventura parecida a la mía, y con la calma de sentir la textura de la arena en sus pies, se acordó de mi blog – sin que todavía haya salido a la luz, vale aclarar – y se tomó el trabajo de sacar una foto para mostrármelo. Me estaba compartiendo un momento que para ella era de pura alegría.

En ese instante pensé: todo esto vale la pena. El nombre lo elegí después de un brainstorming interminable y frustrante, donde los clichés “viajera”, “ciudadana” y “mundo” no paraban de aparecer. Hasta que me surgió la idea de cambiar de foco y empecé a volcarme hacia imágenes sensoriales. ¿Cuál es la sensación que más me gusta en el mundo? ¿Esa imagen que, con solo pensarla, me transporta a un espacio y tiempo perfectos?

Playa. Cuando estoy en la playa soy feliz, siempre. ¿Y qué me gusta de la playa? Sacarme los zapatos y pisar la arena desde el minuto cero. Caminarla, hundir desde los dedos hasta el talón, sentir cómo cambia la temperatura cuando el pie entra más adentro, dejar que los granitos caigan con gracia desde el empeine, jugar a que mis huellas queden lo más perfectas posible… La playa es mi lugar en el mundo.

Y me visualicé miles de veces sentada ahí, con los pensamientos en blanco – algo que nunca, nunca puedo conseguir en la ciudad- escuchando la melodía de las olas y observando lo que hacían mis pies, como si durante ese rato pudieran actuar por sí solos. Yo me entregaba, sintiendo cómo ese juego entre ellos y el océano arenoso me iba transportando a un universo de plena serenidad y goce, lejos de cualquier preocupación banal, donde podía pensar solamente en todo lo lindo que tiene este mundo para ofrecer. Lo que es verdaderamente importante.

Elegí este nombre porque me gustaba la idea de generar algo similar en la gente; una sensación que es gratificante y constructiva para todos. Cuando recibí esta foto entendí el poder de esta imagen y sentí una satisfacción plena por mi elección. Me encantaría que quien sea que lea esto pueda descubrir ese lugar que lo transporta, que le saca una sonrisa automática y lo aleja de los aparentes problemas diarios. ¡Y si me lo quiere compartir, feliz de la vida!

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